El convenio regulador es el documento legal que establece las condiciones de la separación o el divorcio: pensiones, custodia, régimen de visitas, uso de la vivienda. Es un acuerdo con fuerza de ley. Y cuando una de las partes no lo cumple, no estamos hablando de un problema de pareja. Estamos hablando de un problema legal.
Pero antes de llegar a ese punto, hay algo anterior que muy poca gente hace: prepararse.
Separarse es una de las decisiones más importantes que puedes tomar en tu vida. Y como toda decisión importante, merece planificación. Estas son las cuatro preguntas que deberías hacerte antes de dar cualquier paso.
¿Dónde vas a vivir cuando os separéis?
Esta es la primera pregunta que casi nadie se hace antes de tiempo, y la que más conflictos genera en los primeros días de la separación.
Mucha gente asume que «el que se va es el que quiere separarse» o que «quien se queda tiene más derecho». Ninguna de las dos cosas es cierta. Sin un acuerdo entre las partes o una resolución judicial, ninguno de los dos tiene obligación de abandonar el domicilio familiar.
Esto significa que, salvo que lleguéis a un acuerdo, podéis acabar viviendo bajo el mismo techo durante semanas o meses mientras se tramita el proceso. Una situación que, como puedes imaginar, no facilita precisamente que todo vaya bien.
¿Qué deberías hacer? Antes de comunicar la decisión de separarte, ten claro qué opciones tienes en materia de vivienda. Si hay hijos menores, la atribución del uso de la vivienda familiar es una de las primeras cuestiones que se regula. Habla con tu abogado antes de actuar.
¿Puedes asumir los gastos tú solo desde el primer día?
El impacto económico de la separación sorprende a casi todo el mundo. Mientras estáis juntos, los gastos se comparten. En el momento en que os separáis, cada uno asume los suyos. Y muchas veces, los números no cuadran.
Piensa en lo que implica: alquiler o hipoteca, suministros, alimentación, transporte, manutención de los hijos, gastos del proceso legal… A eso añade que durante el proceso puede haber periodos de incertidumbre económica, especialmente si hay discrepancias sobre quién paga qué en la vivienda familiar.
¿Qué deberías hacer? Antes de dar el paso, haz una planificación económica realista. Calcula qué ingresos tienes, qué gastos fijos tendrás que asumir en solitario y si cuentas con un colchón económico para los primeros meses. No es el momento más romántico para hacer números, pero es el más necesario.
¿Tenéis claro qué va a pasar con los hijos?
Si hay hijos, esta es sin duda la pregunta más importante. Y la que más consecuencias tiene si no se responde bien desde el principio.
¿Habéis hablado de la custodia? ¿Tenéis algún acuerdo sobre las visitas, los días festivos, las vacaciones? ¿Quién paga el colegio, las actividades extraescolares, los gastos médicos? ¿Cómo se tomarán las decisiones importantes sobre los menores?
Improvisar con los hijos en medio de una separación es el error más caro y más doloroso que puedes cometer. No solo por las consecuencias legales, sino por el impacto emocional en los menores. Los hijos no son parte del conflicto. Mantenerlos al margen es lo mejor para ellos, y también lo más valorado por los jueces.
¿Qué deberías hacer? Antes de iniciar el proceso, intenta tener una conversación honesta con tu pareja sobre los hijos. Si no es posible llegar a acuerdos de forma directa, un mediador familiar o un abogado pueden ayudar a estructurar las negociaciones de forma ordenada y menos dañina para todos.
¿Tienes ya un abogado de familia?
Esta pregunta tiene una respuesta muy sencilla: si estás pensando en separarte, la respuesta debería ser sí. O al menos, deberías estar buscando uno.
Mucha gente ve al abogado como un gasto que puede esperar, como algo que se busca cuando «las cosas se ponen feas». Error. Un abogado de familia no es solo alguien que te representa en el juzgado. Es alguien que te asesora antes, durante y después del proceso para que tomes decisiones informadas y no cometas errores que luego son muy difíciles de revertir.
Un acuerdo mal cerrado puede afectarte durante años: en la custodia, en la pensión, en la vivienda, en tu patrimonio. Cuanto antes te asesores, más opciones tienes sobre la mesa y más capacidad tienes de proteger tus intereses.
¿Qué deberías hacer? Buscar un abogado especializado en derecho de familia antes de comunicar la decisión de separarte. No para iniciar una guerra, sino para saber exactamente en qué posición estás y qué puedes esperar del proceso.
Conclusión: prepararse no es rendirse
Plantearse estas preguntas antes de dar el paso no significa que estés siendo frío o calculador. Significa que estás siendo responsable con tu futuro y con el de tus hijos.
Separarse sin preparación es como operar sin anestesia. Se puede hacer. Pero duele mucho más, y las cicatrices tardan mucho más en cerrar.
Si estás en este momento, no tienes que atravesarlo solo. En el despacho de Gemma Almazán te ayudamos a entender tu situación y a tomar decisiones con información real antes de dar ningún paso.
¿Estás pensando en separarte y no sabes por dónde empezar? Consúltanos antes de actuar.
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